Camino por la calle con gran lentitud. Noto miles de agujas clavándose sobre mí, son las gotas de lluvia que caen. Se deslizan por mi cara y no dejan ningún lugar de mí seco. Llevo puesta la capucha del suéter, aunque no hace mucho... Tal vez estuviera más seca si me hubiera tirado a una piscina, pero eso no me importa ahora. Lamo una de las gotas que caen. Ewks... Es salada. Pero la lluvia no es salada. Llevo las manos a mi cara y me doy cuenta que ha sido una lágrima.
¿Una lágrima?
¿Cuándo empecé a llorar?
Creo que llevo llorando todo el rato desde que estoy aquí. Un barrio totalmente solitario por la lluvia que no sé ni donde es ni donde estoy. Realmente me da igual. Voy a seguir caminando. De repente me veo en el suelo, mis piernas ni siquiera tienen fuerza suficiente como para hacerme caminar, he gastado todas mis energías con esta caminata y con los llantos de todo el camino. En este momento, el llanto me domina de nuevo y lo intento ahogar, sin conseguirlo. Sigo llorando. Y escucho unos pasos. Casi insonoros con la lluvia. Sé que no es nadie. Creo que no es nadie. Quiero creer que no es nadie.
Escucho mi nombre pronunciado cerca mío, delante mío, alejado de mí, está interrogado, supongo que no quiere reconocerme como yo misma. No quiero levantar la mirada ahora mismo, pero reconozco esa voz, y mi corazón se está retorciendo y en cualquier momento no quedará ni una gota de sangre en él. Finalmente, levanto la cabeza. Y me encuentro cara a cara con él. Las lágrimas vuelven a inundar mis ojos, pero tengo el deseo de que no se dé cuenta con la lluvia. Se agacha delante mío y está cerca, tan cerca... Sus labios, su lacio cabello...
"¿Qué te ocurre? ¿Qué haces aquí?"
Pregunta. Me duele su voz, me duele escuchar su voz en mis oídos, mi corazón está latiendo tan rápido y tan fuerte que duele. No puedo contestarle a sus preguntas, un sollozo suena en su lugar, un sollozo ahogado. Noto sus brazos rodeándome con fuerza, no suele ser muy apático en varias ocasiones, pero supongo que cuando ve a alguien así querrá ayudarle, ¿no?. No lo sé... Está susurrando cosas en mi oído, y eso me da escalofríos, lo cual acentúa el frío que ahora siento, pero a la vez noto su calor corporal rodeándome y veo una gota de agua de lluvia caer por su cara. Suena otro lloro casi inaudible. Una palabra hace que me estremezca.
Esa palabra hace mella en mí. Me duele. Me duele. Me duele. Me duele el pecho, empieza un nuevo llanto pero me abraza aun más fuerte.
"Estás empapada" susurra.
Aun abrazándome, se pone de pie, levantándome con él y me rodea los hombros con un brazo, me empieza a dirigir hacia una dirección desconocida, escucho un chasquido y la lluvia a mi alrededor para. Estoy dentro de un portal, y ahora de un ascensor. En un ascensor, con él, solo con él. Le miro y noto que me está mirando fijamente, abrazándome nuevamente. Quiero decírselo. Deseo decírselo. Necesito decírselo. Esas dos palabras que me queman como si me echasen ácido en mi interior.
No puedo, antes de decir nada el ascensor se abre y caminamos unos pasos, ante una puerta que abre. Está todo oscuro, pero el le da un interruptor y la luz permite que pueda ver. Estoy en su casa. Lo huelo. Huelo su olor en todas partes, esa mezcla... Tan atrayente... Me guía hacia lo que creo que es su cuarto, y lo confirmo, su mochila está ahí. Me vuelve a abrazar.
"Tranquila... " No puedo.
Está él, ¿cómo quiere que esté tranquila? Sobre todo abrazándome de esa manera... Se separa un poco y me mira a los ojos, con su dedo pulgar, atrapa una lágrima que escapa de mi ojo y rueda por mi mejilla y de repente noto algo. Está cerca. Muy cerca. Y la distancia que nos separa el uno de otro se acorta por segundos. Noto sus labios unidos a los míos, atrapándolos. No puedo evitarlo, me duele mucho, así que le devuelvo el beso y una última lágrima recorre mi cara. Se separa momentos después, me mira con una sonrisa.
"Te quiero" susurramos a la vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario