¿Para qué mirar si no puedo tocar?
¿Para qué mirar tus labios si no puedo besarlos?
Cuando te veo, aun lo pienso
¿por qué sigo hablándote? ¿Por qué sufro por ésto?
Tal vez soy masoquista, no lo sé...
Haces que me quiera morir...
Realmente no sé por qué lo hago, pero, lo que sí sé es que aun quiera saber...
Aun quiero saber cual es el sabor de tus labios.
Aunque sea rozar tu boca suavemente, acariciar tu pelo...
El solo pensar que vuelvo a verte hace que mi corazón lata de nuevo.
A veces pienso que en este tiempo estoy muerta
pero me doy cuenta de que no por las lágrimas que recorren mi cara
haciendo que sienta un gran dolor...
Un dolor comparable a una puñalada
Una puñalada que te clavan por la espalda
y, al darte la vuelta, ver los ojos de un amigo...
Un dolor comparable a eso.
Sé que si te viese de nuevo, una variedad de sentimientos recorrería mi cara
Pensaría que haces que quiera morir...
Y, después, de ponerme una máscara, te saludaría mientras las lágrimas recorrerían mi cara bajo el cielo oscuro de la máscara... Aquella que oculta lo que siento, aquella que dice que sonrío cuando lloro.
Aquella que hace que el mundo piense que estoy bien y que todo está bien.
Poco a poco esa máscara se ha ido pegando a mi cara, pero, cuando estoy sola, la máscara se desprende,
cae al suelo con una sonrisa irónica mientras su reverso permanece lleno de agua salada.
Y, entonces, me calmo y vació la máscara y la seco un poco, le saco brillo y la coloro de nuevo. Y vuelve a mi cara.
Otro día más haciendo que quiera morir.