Y así, las lágrimas cayeron otra vez por mis mejillas. Me he caído como otras tantas veces. Y, como todas ellas, me he levantado otra vez, me he sacudido y me he puesto a lamerme las heridas.
No sangra, pero molesta y duele al caminar. No me he caído, me han empujado. No me han empujado, empujaron a alguien que quería, y, al intentar ayudarla, me caí también. Una vez que termino de curar las heridas le tiendo la mano, le quiero ayudar... Pero ella no me coge la mano. Se lame las heridas ella sola y apoyo una mano en su hombro. Ella me mira, yo le miro. Le sonrío levemente y ella me devuelve la sonrisa.
Se levanta y las dos nos miramos, con una sonrisa leve en la cara y, juntas de la mano, seguimos por el camino, sin separarnos.
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