Mi corazón lloró sangre, en dos partido por un filo demoníaco, haciendo que las gotas carmín pintasen el suelo de un color purpúreo y oscuro, manchando todo el escenario. Mi mirada perdida buscaba algo a lo que aferrarse, algo a lo que mi alma se pudiera aferrar, pero no encontró nada más que oscuridad, una profunda oscuridad más negra que la noche cerrada en las profundidades de un bosque. Una oscuridad en la que no se distingue lo material de lo inmaterial. Una oscuridad en la que mi alma se siente tan sola que rompe en llanto desgarrador. Mi mirada decide que es momento de rendirse unos segundos después, pero, en un hálito de esperanza lo encuentra. Tus ojos, tu mirada, tus palabras flotan alrededor mío, vagos recuerdos de tiempos lejanos que vuelve a mí. Mi memoria me traiciona, haciéndome soñar que estás a mi lado, porque, en realidad, tú no estás aquí, pero la ilusión me envuelve, engañando mis sentidos. Mi corazón se empieza a recomponer nuevamente, usando su misma sangre para curar las heridas, mi alma se aferra a lo inmaterial de ti que me rodea, y yo, caigo al abismo, pensando que sigo en la luz.
Confundes mis sentidos, confundes mi ser... Realmente, solo quiero que desaparezcas y caer al vacío, para volver a escalarlo con mis propias manos, como hice una vez, y como quiero volver a hacer. Quiero volver a intentarlo, no quedarme aferrada a ilusiones rotas y a sueños idiotas.
Déjame caer.
Déjame volver a intentarlo.
Déjame volver a amar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario